martes, 14 de septiembre de 2021

Mystic River de Dennis Lehane

 




Biografía de Dennis Lehane



Autor americano, Dennis Lehane nació en 1966 en Boston, Massachusetts, más concretamente en Dorchester.

Este suburbio le sirvió de inspiración para muchas de sus obras, situadas en ambientes urbanos de carácter popular. Debido a su ascendencia irlandesa, ha hecho hincapié en este hecho en sus novelas, en las que los inmigrantes de origen irlandés, altamente influidos por la religión católica, suelen ser los protagonistas.




Mystic River de Dennis Lehane.


Mystic River de Dennis Lehane



Sinopsis:



Nunca dejes que nadie se suba al coche de un extraño. Aunque diga que es policía. Jimmy, Sean y Dave lo aprendieron demasiado tarde. Eran tres amigos, tres niños, que una tarde jugaban al beisbol en Boston. Un coche se detuvo. Y uno, podría haber sido cualquier de ellos, fue secuestrado. Regresará, pero Dave ya no será el mismo. Es un juguete roto. Veinticinco años después, la pesadilla se repite. La hija de Jimmy de 19 años es violada y asesinada. Sean, que se ha convertido ahora él en policía del Departamento de Homicidios, deberá investigar el caso. Dave regresa esa noche a su casa lleno de sangre. El reencuentro no será cómo habían imaginado: un policía violento, un padre que quiere venganza, un sospechoso denunciado por su propia mujer. Y la memoria de otro día, veinticinco años atrás, un coche y un sótano lleno de fantasmas y horror. No, no puede haber sido él. La novela que Dennis Lehane le regaló a Clint Eastwood, implacable y extraordinaria, un inquietante relato que trata de la amistad, la familia, la pérdida de la inocencia y la culpa. Con ella, Lehane se convirtió en un autor de culto para los lectores de novela negra de todo el mundo.



Opinión personal:

Buenísimo, me ha encantado. Desde el primer momento tiene algo que te atrapa, y no es solo por la curiosidad de la peli, es porque es bueno de verdad.
No se le puede poner ninguna pega. Una gran historia, dónde está ambientada, cómo se desarrolla, y sobre sus tres protagonistas: Sean, Jimmy y Dave, cómo se desarrollan sus vidas desde que a los once años y cómo de forma casual y dramática sus vidas vuelven a unirse... aunque no sea de la mejor de las maneras. La única pega que le veo es haber visto tantas veces la peli antes de leer el libro. 
Es un libro rápido y fácil de leer, y también me ha sorprendido mucho, que ha pesar de estar lleno de aclaraciones y descripciones, en ningún momento frenan la historia, aparte de que gustan, y además, sirven para entender mucho mejor a los protagonistas.
El final me ha encantado, aunque es muy duro y frío, pero era algo que ya esperaba.
Entre el eterno debate de sí es mejor el libro o la peli, la peli me encanta. Tiene un director top y unos protagonistas de 10.
Pero me quedo con el libro. Es verdad que la peli es 100% fiel, pero el libro te describe mejor a sus personajes, sus pensamientos e inquietudes, su personalidad, y eso hace que te impliques más en su lectura. Pero tanto libro como peli son descomunales. 



Juan Nieto


viernes, 3 de septiembre de 2021

Las aventuras de una mamá lectora, negociando la sombra del viento

 




La situación era complicada, el miedo ahogaba los suspiros de los agentes del escuadrón de crisis, su frente estaba cubierta de sudor frío, cualquier decisión que se tomara en este momento marcaría el rumbo, podría ser un éxito o esperar lo peor. El comandante se pone de pie, su semblante está preocupado, con voz ronca dice:

—Agente, necesitamos una mano experta para manejar ésta situación, ya sabe que hacer…

El agente toma el teléfono, su mano tiembla, presiona un número, se escucha la línea…

—Mamá de Valentina, la necesitamos para que nos ayude a negociar una situación de crisis…

 

 

Queridos Anaquelianos, gracias por compartir una vez más su tiempo conmigo a través de estas letras que narran mis aventuras en esto que se llama vida. Lo que acaban de leer es lo que me gusta pensar que está sucediendo; recordando a mi buen amigo Gabriel García Márquez: 

“La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y como la recuerda para contarla”.

 En realidad, las cosas estaban así:

Valentina estaba sentada con su tazón de color rosa con dibujos de princesas en la mano; éste es el exclusivo para comer helado, no el de estrellas ni el de la ratoncita con moños de lunares, las mamás que me leen saben a lo que me refiero y la crisis que se avecina cuando no está disponible dicho artilugio de cocina. Con su mirada fija y sin titubear me dice:

Mamá me das más helado, por favor.

No creo que tengas espacio en tu barriga después de todo lo que acabas de comer, ¿qué te parece si lo dejamos para más tarde?

—¿Qué no sabes mamá que el helado al entrar en mi barriga se derretirá y entrara por todos los espacios vacíos que la comida dejó? Por lo tanto, no te preocupes creo que si puedo comer más helado.

¿Cómo puedes rebatir a esa lógica innegable?

 

Así los días en mi haber, ninguna materia en la escuela me pudo haber preparado para las tácticas de negociación que tengo que desarrollar cada día, para no caer presa de mi pequeña terrorista de cabellos rizados que alegra mi existir. 





 

Estos días caí presa del libro: La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón. He estado viviendo en el Cementerio de los Libros Olvidados, buscando al escurridizo Julián Carax. Aunque tengo que ser sincera con ustedes, no tengo el libro sino el archivo PDF que mi papá me envió por correo hace varios días. En una plática con él por teléfono me dijo de un libro muy interesante que estaba leyendo y me preguntó si quería leerlo yo también. Acto seguido la alarma de correos sonó en mi teléfono. Mi papá es todo un cibernauta. Dos días después que me lo envió me llama para saber como voy con el libro, a lo que le contesto que no he tenido mucha oportunidad de leerlo, la vida no me había dado muchos espacios para perderme en un mundo nuevo desde el sillón de mi casa. Él me comenta que ya va en la página sesenta y que está muy metido en la historia. Por lo que me entra la curiosidad y decido echarle un vistazo mientras mi querida pequeña está jugando a brincar como conejo por toda la casa. Confieso que no estaba muy animada a “leer un libro” desde el teléfono; llámenme anticuada, pero nada se compara a la sensación de poder tocar las páginas, además un libro es más fácil de leer porque no se le acaba la batería y no molesta con su luz al marido cuando duerme. Bueno pues aquí me tienen imaginándome a la maliciosa Clara (no diré más para quien no ha leído el libro aún) diciéndole a Daniel:

Éste es un mundo de sombras y la magia es un bien escaso” Nunca sentí tan verdaderas esas palabras hasta el día de hoy que observo a Valentina brincando y riendo sólo porque la pelota ha botado y tirado todas las muñecas de su castillo. La magia habita entre nosotros, sólo que a veces se nos pierde entre obligaciones y preocupaciones del día a día.

 






Mamá ya deja ese teléfono, no debes estar mirándolo tanto tiempo. Debes hacer cosas más productivas— me dice Valentina imitando perfectamente mi tono de voz.

Esto no cuenta como tiempo de jugar con el teléfono, estoy leyendo un libro— digo en mi defensa

No mamá el teléfono no debe de usarse todo el día, es sólo para cosas importantes— me replica poniendo la mano en su cintura exactamente como yo lo haría.

 

En voz de Daniel Sempere: “Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo” y no puedo más que darle la razón.

 

Así que ahora estoy jugando con mi princesa al salón de belleza, pero en mi cabeza el Cementerio de los Libros Perdidos no deja de llamarme…

 

¿Alguien de ustedes conoce alguna táctica de negociación que me ayude con mi pequeña inspectora de tiempos de uso de teléfono, para que yo pueda terminar de leer el libro?

 

Les deseo un día lleno de letras mágicas y de tazones llenos de helado.

 

Erika C.

 

viernes, 20 de agosto de 2021

Aventuras de una mamá lectora, Una niña no tan anticuada



       H
ola queridos amigos Anaquelianos, estos últimos días Valentina y yo hemos andado con ¨toda la pila¨, lo que se traduce a vagancias por los rincones, carreras por toda la casa, risas encerradas por los cuartos y muchas aventuras en nuestro haber. ¿Por qué me incluyo en el paquete? Bueno ella es mi compañera predilecta de juegos; a veces los adultos son muy serios y no toman en cuenta las cosas importantes de la vida. ¿Cuándo fue la última vez que un adulto te preguntó que tan rápido podías correr con tus zapatos nuevos? Ese tipo de cuestionamientos se quedan rezagados conforme nos vamos llenando de responsabilidades y creyendo importantes. Es una lástima, porque el sentarse en el piso a jugar con un niño y sentirse de nuevo niño es un placer que pocos recordamos.

Claro que no todo el mérito es mío, tengo una muy buena maestra. 

    Para contarles como empezaron estos días llenos de travesuras tengo que regresarme a inicios de la semana, cuando en pleno lunes a las cinco de la mañana una tierna voz me dice en mi oído: “Mamá, ya no quiero dormir, es muy aburrido, ¿vamos a jugar?”. Por un momento creí que estaba soñando, pero después de un jalón de párpados para verificar que estuviera ya consciente de parte de mi pequeño despertador de cabello rizado, me tuve que levantar de la cama con un pie arrastrando delante del otro. Se preguntarán porque no la dejo que juegue un rato ella sola; la experiencia me ha enseñado que momentos de silencio son seguidos por largos arrepentimientos de mi parte, así que prefiero estar acompañandola en sus aventuras. Después de todo no siempre será una niña pequeña y yo no siempre seré su compañera de juegos favorita. 


    Así fue como participé en varias búsquedas de tesoros y pelee con duendes a lo largo del día. Lo interesante no es sobrevivir a estas luchas encarnadas sino lograr dormir a Valentina. La rutina para ir a la cama está llena de dolor, por mi parte mayormente, ya que siempre involucra algún tipo de correteo, saltos o atrapadas, en un leve intento por cansarla, aunque meditando en éste momento, creo que tiene el efecto contrario. Habiendo logrado posicionarla en la cama, lease bien no está dispuesta a dormir, pero al menos está en la cama, hemos empezado a leer el hermoso libro “PLATERO Y YO”. Valentina sigue brincando, jugando y revoloteando, pero su oído está atento y me pregunta; 



—Mamá, ¿porqué Platero es como las nubes?

Y yo con mi mirada de adulto le digo, porque es de color gris plateado, se parece a las nubes que están en el cielo. Pero la verdad es que la pregunta iba más allá.

Varias páginas después Valentina se ha acurrucado en mi pecho y se ha quedado dormida. ¡Me siento triunfante, por fin! Claro que tanto esfuerzo hizo que Morfeo se alejara de mí, y no conozco mejor manera de aprovechar esta situación que con un buen libro, así que a hurtadillas me dirijo a la sala y empiezo a leer “UNA NIÑA ANTICUADA” de Louise May Alcott. Este libro siempre me arropa en un mundo lleno de sueños y deseos por cumplir, pero también se roba mis horas tan necesitadas de sueño. Así que cuando el gallo canta el martes, yo tengo una resaca literaria que no puedo con ella, y la tierna vocecita que lo acompaña me recuerda que debí haber escuchado a la razón y no seguir leyendo pasada la media noche. Cuando nuevamente estoy sentada en el sillón como el caballo del lechero del pueblo, intentando no dormirme, recuerdo las palabras de mi querida amiga Louise May Alcott;



“Y la verdad es que Polly no creía que hubiera hecho mucho, pero se trataba de una de aquellas pequeñas cosas que siempre espera que se hagan en este mundo, donde abundan los días de lluvia, donde los espíritus desfallecen y el deber no suele ir acompañado de placer. Las pequeñas cosas como esas son, básicamente, el buen trabajo de la gente pequeña; un pensamiento pequeño y amable, un pequeño acto de generosidad, una pequeña palabra de ánimo, todo eso es tan dulce y agradable que no hay nadie que pueda evitar sentir su belleza y el afecto por quién lo da, independientemente de lo insignificante que pueda parecer. Las madres suelen hacerlo muchas veces, sin ser vistas, sin que se les de las gracias, pero se siente y se recuerda mucho tiempo después, no se pierde jamás, pues esta es la sencilla magia que une los corazones y mantiene la felicidad en los hogares…”


    Estas palabras me hacen ver que estos momentos se quedarán guardados en su corazón y le darán el consuelo necesario cuando la realidad sea muy difícil de tolerar. Sólo desearía que me recordara con un mejor peinado y con ojeras no tan notorias. 


    Estoy muy agradecida que me acompañen nuevamente, los espero con otra aventura más ya con la firme intención de tener mi cabello más presentable y sin que me confundan con un mapache.


Erika Castillo


 


martes, 17 de agosto de 2021

Mr Mercedes de Stephen King

 

Mr Mercedes de Stephen King



Sinopsis


Justo antes del amanecer, en una decadente ciudad americana, cientos de parados esperan la apertura de la oficina de empleo para reclamar uno de los mil puestos de trabajo que se han anunciado. Han hecho cola durante toda la noche.
De pronto, invisible hasta que lo tienen prácticamente encima, un Mercedes surge de la fría niebla de la madrugada. Su conductor atropella y aplasta a todos los que encuentra a su alcance. Acto seguido, el coche da marcha atrás y vuelve a arremeter contra ellos. El asesino huye dejando atrás ocho muertos y quince heridos.
Meses después, Bill Hodges, un policía jubilado, que sigue obsesionado con este caso sin resolver, recibe una carta anónima de alguien que se declara culpable de la masacre.
Brady Hartsfield vive con su madre alcohólica en la casa donde nació. Disfrutó tanto de aquella sensación de muerte debajo de los neumáticos del Mercedes, que ahora quiere recuperarla.



Opinión personal:


Buen libro, me ha gustado aunque no tiene nada que ver con lo que llevaba leído suyo hasta ahora. Es verdad que tiene muy buen ritmo y la trama es muy buena, desde la primera página te engancha, e incluso tiene un par de guiños a anteriores libros 

suyos, pero no sé si será que King no está acostumbrado a moverse en este género, pero notas como si le faltase algo, al menos esa es mi sensación.
Aunque por lo demás es un libro entretenido y que de verdad vale la pena.
El final, o mejor dicho, como se desarrolla, es sin duda lo mejor. Las últimas páginas te tienen en tensión (algo que sí sabe hacer King a la perfección) y no puedes soltar el libro. Buen desenlace, la verdad me ha gustado.
Y ahora, a seguir con la continuación, Quien pierde paga. 

Juan Nieto

viernes, 6 de agosto de 2021

Las aventuras de una mamá lectora




 Hola, mi nombre es Erika Castillo, y tengo la fortuna de estar en Anaquel Literario compartiendo mis aventuras como mamá lectora de una bella e inquieta niña llamada Valentina. 





Desde que tengo memoria un libro ha estado en mi mano, ha sido mi refugio en tiempos difíciles y mi compañero a lo largo de muchas experiencias de vida. El aroma de un libro me ha embriagado en más de una ocasión y confieso que a veces sólo los he abierto para poder oler sus páginas y dejarme envolver por un instante de su perfume. 

Mi pequeña Valentina siempre ha tenido curiosidad por ellos y en más de una ocasión he tenido que salir corriendo para salvarlos de una mutilación salvaje o de inscripciones no deseadas en sus páginas. Conforme ella ha ido creciendo he querido sembrar en su corazón el amor por la lectura, con apenas cinco años cumplidos sólo quiere libros con dibujos llamativos y no de letras aburridas, según se expresa cuando me ve con uno en la mano.

Así que estoy buscando diferentes métodos para adentrarla en este mundo lleno de magia a través de las letras impresas. Pero como toda buena niña súper activa siempre está brincando y corriendo, poniendo a prueba mi imaginación para atraer su atención.

Así fue como di con el libro de Oscar Wilde “EL FANTASMA DE CANTERVILLE Y OTROS CUENTOS”, en mi inocencia me imaginé sentada en la cama, acurrucada con mi pequeña en brazos, con sus rizos en mi pecho leyendo el libro y teniendo el mejor momento de nuestras vidas. ¿Qué fue lo que en verdad ocurrió? Si estuve sentada en la cama, pero no hubo rizos en mi pecho, más bien una pierna en mi cara, después sentí un golpe seco en el abdomen y al último un brinco por la cama me hizo desistir. Esta bien pensé, mañana encontrare otra oportunidad. Y en efecto así fue, Valentina estaba jugando con su muñeca favorita en turno cuando decidí incluirme en la acción siendo la otra princesa, y muy sutilmente le pregunté que, si leíamos un pequeño cuento, a lo que ella respondió que si muy animadamente. La muñeca que me tocó representar hizo los ademanes de tomar el libro y empezó a leer “EL GIGANTE EGOISTA”, a lo que pensé que sería una buena lección por aprender; a medio camino me detiene una pregunta:

--Mamá, ¿entonces tu eres egoísta cuando te encierras en la recamara a comer chocolate?

Las palabras se me atoraron en la garganta y no supe que contestar, me habían descubierto. No es que no quiera compartir con ella un chocolate, es más bien que lo necesito para igualar mi nivel de energía al suyo, y si le doy un trozo de chocolate por la tarde es como invocar al demonio de Tasmania por toda la casa. Lo cual no es una buena idea, como han de imaginar.

Así que muy consciente de mi respuesta dije;

--No es que mamá no quiera compartir contigo el trozo de chocolate es que a veces sólo necesita tiempo en silencio para descansar y poder jugar mejor contigo.

Valentina me miró muy fijamente con sus ojos negros y muy seria me contestó:

--Creo que me estás mintiendo, tus orejas se están poniendo verdes.

Y por primera vez todas las artimañas que uso para convencerla se pusieron en contra mía.

¿Tendrá Oscar Wilde un cuento donde explicar a los niños que en ocasiones las mamás necesitan de un trozo de chocolate para poder terminar el día? Y ¿que el no compartir es más bien una táctica de supervivencia en vez de un acto egoísta?

Si conocen de alguno les agradecería que me lo hicieran saber, esta mamá necesita de ayuda para sobrevivir a su vivo retrato en versión miniatura.


Gracias por acompañarme en esta etapa que comenzamos juntos en Anaquel Literario, espero sea de su agrado leer mis aventuras con Valentina y pasen momentos tan agradables como los he vivido yo. Un abrazo grande desde el rincón de mi recamara donde tengo mi chocolate bien guardado.

Erika C.