viernes, 26 de agosto de 2022

Un todo de teorías, Aventuras de una mamá lectora

 “La juventud de un ser no se mide por los años que tiene, sino por la curiosidad que almacena”

Salvador Paniker



 

Mis queridos Anaquelianos como siempre es un verdadero privilegio encontrarlos nuevamente en nuestro rincón de letras, historias y aventuras. Realizaré nuestra clásica pregunta para tomarnos de la mano y adentrarnos en un nuevo mundo a través de las páginas de un libro. 

¿Existe algún texto que hayan tenido muchas ganas de leer, y cuándo lo leyeron lo disfrutaron enormemente pero no le entendieron nada al terminarlo?

Bueno, ese fue mi caso. 

Permítame explicarme, no piensen que se me han zafado los tornillos que sujetan las ideas en mi cabeza, al contrario, creo que les di una pequeña ajustada con el libro que les comento.

La teoría del todo. El origen y el destino del Universo de Stephen W. Hawking siempre estuvo en mi lista de deseos, pero por alguna extraña razón nunca tuve el valor para empezar a leerlo. Me sentía cual molécula orbitando la galaxia, mi mente no podría albergar tanto conocimiento si abría sus páginas y tampoco quería sentirme derrotada por un libro, así que lo fui dejando de lado, más nunca olvidado. 

Recientemente sufrí un ataque de valor impulsivo, -aún no encuentro la causa de semejante acción- y me decidí a leerlo. Pude armarme con toda la valentía que fui capaz de encontrar adentro de una taza de té verde acompañada con un trozo de pastel de chocolate y me senté en mi rincón favorito a empezar a leer.




 
Habían pasado veinte páginas en un abrir y cerrar de ojos, estaba cautivada, el libro me había atrapado.

Cual sucede con este tipo de situaciones, entre más me adentraba en el texto, más notas tomaba y buscaba numerosas referencias, llegó un momento en que tuve alrededor de tres libros diferentes abiertos, los cuales leía simultáneamente. También mi querido amigo Google, me acompañaba en esta jornada sugiriéndome sutilmente artículos relacionados al tema. A veces pienso que me espía. 

 

“Según la teoría de la relatividad general de Einstein, cualquier persona suficientemente atolondrada para meterse dentro de un agujero negro estaría perdida para siempre”

 

Y, a decir verdad, así fue. Me introduje en un agujero negro lleno de datos que hacían volar mi imaginación y la paciencia de mi marido; ya que a cada momento le cuestionaba: “Oye, ¿qué pasaría si la gravedad de la tierra dejara de funcionar por un segundo?” “¿Te acuerdas del documental que vimos la semana pasada, sabías que fue basado en la plática que dio mi amigo Stephen hace algunos años?” “¿Cómo podemos medir la trayectoria de la luz si ésta se curva por la gravedad?” Cuando realicé la última pregunta por respuesta fue que recibí un almohadazo, entonces lo comprendí, estaba dentro del agujero negro. Ya no saldría de allí siendo la misma.

 

“Para entender lo que uno vería si estuviese observando el colapso de una estrella para formar un agujero negro, hay que recordar que en la teoría de la relatividad no hay tiempo absoluto. Cada observador tiene su propia medida del tiempo”

 

Los momentos que pasaba entre las páginas de este libro me parecían minúsculos, encontraba cualquier pretexto para sentarme a leer, “cinco minutos nada más” me mentía a mí misma, para descubrirme una hora después con que la lavadora ya había terminado su ciclo y la hora de la comida había llegado. Valentina pacientemente me decía. “¿Ya terminaste de leer ahora mamá? Mejor lee en la noche para que podamos jugar a las muñecas”. Ante tal petición no podía negarme. Cerraba las portadas muy lentamente y me sentaba bajo la mesa de la cocina a ser la muñeca en turno, pero en mi mente seguían las ideas dando vueltas e imaginando una y mil historias acerca del origen del universo.

 

“Como cualquier teoría científica, puede ser propuesta inicialmente por razones estéticas o metafísicas, pero la prueba real es que haga predicciones que estén de acuerdo con las observaciones” 

 

Siempre me ha gustado una frase que leí por allí: Somos polvo de estrellas de Carl Sagan, y esta lectura sólo vino a confirmar lo que dentro de mi alma yo ya intuía. Somos parte del universo, cada acto surgió de tal manera que propició nuestra vida en este planeta en nuestra galaxia. Si se hubiera cambiado cualquier detalle por pequeño que fuera, tal vez un grado más de temperatura al inicio del Big Bang, o un segundo más tarde la explosión primordial hoy no estaríamos aquí, ustedes leyéndome y yo pensando en ustedes mientras escribo.

Cada acto por pequeño que parezca es realmente importante y tiene una función, desde el inicio del universo hasta el día de hoy todo lo que ha sucedido tiene un propósito, y ese propósito es nuestra misión de vida. Todos somos importantes, todos somos necesarios en este universo lleno de estrellas.

 

“En otras palabras la singularidad siempre yace en su futuro y nunca en su pasado”

 

Mientras pasaba cada página y leía toda la información que se me presentaba ante mis ojos no podía evitar pensar en cosas más allá de la Física Cuántica o de Partículas, cada explicación que se me mostraba sobre una teoría me hacía pensar en el paralelismo que hay en nuestra vida, aunque no lo visualicemos a simple vista. Valentina siendo mi primera maestra, ya que siempre me ha enseñado cosas de mí que nunca creí poseer. Soy una persona muy diferente por ella y para ella. Se podría decir que mi vida está llena de singularidades y si ustedes pudieran echar un vistazo a mi pasado no podrían reconocer a la persona que ahora les escribe estas letras.

 

“Sin embargo, parece ser que el principio de incertidumbre es una característica fundamental del universo que vivimos”

 

Ahora si me preguntan mis queridos Anaquelianos, que fue lo que entendí de este libro, les diría con total honestidad y una amplia sonrisa que NADA. Así como lo están leyendo, porque si me consultan sobre las teorías acerca de la expansión del universo, o como es que funcionan los agujeros negros o inclusive sobre la dirección del tiempo, no podría darles un dato exacto o correcto, lo que sí podría comentar son varias divagaciones acerca del tema en cuestión y mencionar varias fuentes bibliográficas mezcladas con ideas propias. Pero, lo que sí podría hacer, es comentarles como este libro me abrió la mente a nuevas ideas, me mostró lugares que nunca habría podido concebir por mí misma, me dio un sentido de pertenencia en medio de la abundante soledad que nos pareciera mostrar el universo. Me dio la capacidad de imaginar y soñar.

 




Me despido mis queridos Anaquelianos, como lo hago siempre, con un deseo desde lo más profundo de mi corazón: que puedan encontrarse con un libro que les abra las puertas de la imaginación y la curiosidad los atrape entre sus páginas, mientras tanto yo trataré de enviar los trastes de la cena por el agujero negro que se ha creado en la cocina.

 

Erika C.

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 12 de agosto de 2022

Las aventuras de una mamá lectora, los sueños azules de Valentina

 

Todo gran sueño comienza con un gran soñador. Recuerda siempre: tienes en tu interior la fuerza, la paciencia y la pasión para alcanzar las estrellas y cambiar el mundo.

Harriet Tubman

 

La noche había caído lentamente sobre la ventana dejando titilar las estrellas sobre la colcha con colores de arcoíris. Los grillos arrullaban a las flores que lento cerraban sus pétalos esperando el nuevo día para brillar con intensidad. Una niña de cabellos rizados y ojos somnolientos se abrazaba a su mamá mientras escuchaba las aventuras de quien había caído por una madriguera de conejo a un mundo donde todo era extraño, por no decir diferente. 

Las hadas rociaron polvos soñadores sobre los rizos castaños mientras su tintinear se confundía con la voz de su mamá.  “Dulces sueños corazón chiquito” dijo ella mientras salía de la habitación evitando hacer cualquier ruido que arrancara a su pequeña de ese mundo de ensueños al que acababa de entrar.

 

 

Suena encantador ¿verdad? Bueno, déjenme informarles mis queridos Anaquelianos que esto que acaban de leer es en su totalidad pura y total fantasía. La realidad está llena de saltos, gritos, brincos y lágrimas de desesperación, usualmente derramadas por quien ahora escribe estas letras. 

 

Sean bienvenidos una vez más a nuestra aventura literaria mientras intentamos mandar a dormir a la pequeña de rizos castaños de Valentina.

 

 

“Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez”

 

 

Mis queridos Anaquelianos, ¿Cómo es su rutina para ir a dormir? Disculpen el atrevimiento de mi pregunta, pero si algo se disfruta, es ese momento en que empezamos a desconectarnos del mundo para poder adentrarnos en nuestra propia existencia. Los hay quienes para poder relajarse antes de dormir salen a caminar, otros toman un baño caliente mientras su música favorita los acompaña, hay otros que se meten a su cama con su pijama favorita y se ponen a leer hasta que los párpados se cierran por si sólos… En fin, cada quien tiene su propia manera de entregarse al mundo de los sueños, donde se puede ser lo que sea y lograr cualquier cosa que se pueda imaginar. 

 

En el caso de Valentina cuando llega la noche mi sufrimiento empieza, el de ella también, si soy más precisa. Y, es que la verdad,  no le gusta dormir. Si han leído bien, ella tiene aborrecido el momento de ir a la cama. Esta situación viene desde que ella era una bebe regordeta de mejillas rosadas. Lograr que durmiera se convertía en una labor de dimensiones titánicas. En varias ocasiones me vi tentada a impedir el paso por la calle donde vivíamos con tal de evitar cualquier ruido que pudiera llegar a molestar sus minutos de dulces sueños.

 

Mas si no era el ruido de una hormiga robándose un trozo de azúcar o la respiración del vecino que vivía en la otra cuadra, inclusive mis pensamientos ordenándose para evitar colapsar, la cuestión era que siempre había algo fuera de mi alcance materno que la hacía despertar. Ya cuando creció y descubrió que podía jugar con la comida yo estaba esperanzada verla caer en brazos de Morfeo en su sillita de comer. Nunca sucedió. ¿Será acaso que este dios griego se habrá ofendido conmigo por alguna situación?

 

Para no hacer más larga la historia, Valentina siempre ha sido difícil para dormir. Lo cual significa que yo tengo que emplear más de una técnica para lograr tan esperado fin.

 

 




“Yo soy la que llega a tus sueños todas las noches”

 

Cuando cae la noche Valentina empieza su acostumbrado alegato:

—Mamá, no quiero dormir, ¿puedo jugar otro rato más?

—No corazón, ya es tarde, mejor mañana 

—Pero ¡es que dormir es muy aburrido! 

—Vamos a intentarlo juntas ¿te parece?

 

Para cuando termino de decir esto ella ya ha salido corriendo, riéndose y diciendo que no puedo atraparla. Su mirada me busca pidiendo que yo siga jugando con ella, aunque sólo encuentra a una mamá que ya está bostezando profusamente.

 

—Escoge la pijama que más te guste — digo en tono conciliador

—Todavía no quiero dormir, traigo muchas energías, ¡vamos a jugar!— dice bricando por todo el cuarto

—No te voy a contar una historia, si no te metes ya a tu cama— digo amenzadoramente

 

Esto siempre la hace repensar sus opciones, más cabe mencionar que en varias ocasiones no ha surtido el efecto deseado. Para fines de esta aventura mis queridos Anaquelianos, les compartiré de las veces que si se metió a la cama y se puso a escuchar la historia que salía de mi imaginación.

 

“Sin embargo, siempre he olvidado al despertar cuales son las palabras con que puedo encontrarte”




 

Hadas, duendes, estrellas, unicornios y todo ser mítico han hecho presencia en nuestro pequeño rinconcito. Me han ayudado a dar una lección acerca de como compartir o de la valentía que se requiere para usar la bicicleta sin las rueditas de atrás. Hemos vivido momentos extraordinarios antes de pisar la tierra de los sueños.

 

Una vez Valentina con mucha seriedad me preguntó:

—Mamá ¿puedes meter en mis sueños al hada que vive bajo el cerezo para que juegue conmigo?

—Duérmete y allí la encontrarás — contesté rogando que así sucediera.

 

Cual sería mi sorpresa que a la mañana siguiente cuando ella despertó, lo primero que hizo fue ir corriendo a acurrucarse en mis brazos en el sillón de la sala y con voz adormilada mencionó:

     ¡Si llegó el hada a mis sueños!, ¿la puedes volver a mandar hoy, por favor?

 

 

“ Su vida estaba dedicada a encontrarme en la realidad, a través de esa frase identificadora. Ojos de perro azul”

 

Y es así como nació otra de nuestras tradiciones. Antes de dormir Valentina me pide que es lo que quiere que le mande a sus sueños y yo con toda diligencia cumplo con el requerimiento. A la mañana siguiente ella siempre me cuenta de todas las cosas que le hice llegar mientras ella dormía. 

 

¿Quién fue uno de mis asesores en esta tarea? Pues nada más que Gabriel García Márquez y su cuento Ojos de perro azul. Esta historia la he leído tantas veces que ya casi puedo decir que la se de memoria. 

El sólo hecho de imaginarme a estos dos enamorados separados por la realidad me hace pensar en todas las cosas que habitan nuestros sueños que no pueden llegar a nuestro mundo tangible. ¿Cuántas cosas muy queridas para nosotros no olvidaremos justo al abrir los ojos? ¿Cuántas ilusiones no se perderán con los primeros rayos del sol? 

Por que estamos formados de sueños, de ilusiones que se forjan en nuestro corazón a través de la existencia por este mundo, y al olvidarlos es como si dejáramos pedazos de nuestro ser esparcidos para que el viento los disuelva.

Es una realidad muy cruel si no vivimos nuestros sueños, ¿verdad?

 

“Eres el único hombre que, al despertar no recuerda nada de lo que ha soñado”

 

Mis queridos Anaquelianos me despido de ustedes como siempre lo hago, deseándo que un libro los lleve a soñar sus ilusiones más entrañables y que les permita traerlas a la realidad para poder vivirlas cada día, mientras tanto yo empezaré la eterna danza entre la habitación de Valentina y la sala para poder convencerla que es hora de ir a soñar.

 

Erika C.