lunes, 15 de diciembre de 2014

Armando los diálogos, parte 2.

Para complementar la entrada anterior de esta sección, vamos a poner unos ejemplos, recreando algunas de las situaciones a las que nos enfrentamos a la hora de escribir. Va direccionado básicamente a la puntuación dentro de los diálogos y el inciso.
Recordemos:
  • Los diálogos de nuestros personajes van precedidos de la raya (Alt + 0151).
Entre la raya y el diálogo, al inicio, no se deja espacio alguno. Al final del párrafo del diálogo no se cierra con la raya.
—Dialogo.

  • El inciso se escribe entre las rayas y tampoco se deja espacio alguno entre la raya y el inciso. Al final del párrafo del diálogo no se cierra con la raya inclusive después del inciso.
—Dialogo —inciso.

  • En conclusión, se separa el dialogo y el inciso con un espacio.
—Diálogo(espacio)—inciso.

La puntuación en los diálogos.

  • —Me pasas el cepillo. —María ni se inmutó—. Excelente, así nos va.
Podemos apreciar que en el diálogo del personaje el punto va seguido de la frase, después el espacio que separa al inciso enmarcado entre las rayas.
En el caso del inciso, el punto va después de la raya, y a continuación continua una segunda frase del personaje.

—Diálogo —inciso.
—Diálogo —inciso—. Diálogo.
—Diálogo. —Inciso—. Diálogo.

  • —Entonces nos vemos en la parada —dijo Juan—, una vez allí revisamos el itinerario y nos vamos.

Como en el ejemplo anterior, pero en este caso con una coma, después de la raya final que enmarca el inciso.

—Diálogo —inciso—, diálogo.
—Diálogo, —inciso—, diálogo.

  • —Recuerden lo que dijo el conductor —Juan levantó la voz desde la última fila—: no se hacen paradas intermedias.

En este ejemplo la misma regla con los dos puntos.

—Diálogo —inciso—: diálogo.

Si estás narrando la historia en un párrafo independiente y a continuación va a intervenir uno de los personajes, relacionándolo con lo que estas comentando, utiliza los dos puntos y aparte, y continúa con el diálogo del que hacías referencia. En este caso intervienen varios párrafos.

            —Nos largamos. —Juan dijo con plena seguridad.
Todos callaron, estaban tan asustados que cualquier opción era buena, entonces asomó María y preguntó:
—¿Y si dejamos de huir? —Juan le miró indignado, pero nadie la callaría—No nací para ser una cobarde.

  • —¿Cómo te atreves? —preguntó indignado—. Deja ya de amargarme la vida.

Sabemos que seguido de uno los signos de interrogación o exclamación se escribe con mayúscula, en el caso de los diálogos se pone un punto después del inciso asumiendo que la pregunta inicial del diálogo misma ya termina en punto. También apreciamos que el inciso en el ejemplo inicia con minúscula, se debe a que en el inciso hay un verbo dicendi.


  • —¿Diálogo? —Inciso—. Diálogo. (sin verbos de habla en el inciso)
  • —¿Diálogo? —inciso—. Diálogo. (verbos de habla en el inciso).
  • —¡Diálogo! —Inciso—. Diálogo. ( sin verbos de habla en el inciso)
  • —¡Diálogo! —inciso—. Diálogo. (verbos de habla en el inciso).
Un fuerte abrazo queridos amigos, espero os sea de ayuda, hasta pronto.

Revista Gealittera Diciembre



Las vacaciones han llegado a su fin pero el recuerdo de estas fiestas prevalecerá para siempre. Y en la revista Gealttera hicieron un esfuerzo por reunir voces que contuvieran un pensamiento en común "el mes de diciembre" 
Les compartimos el link de descarga y esperamos que disfruten de su lectura.




Diciembre

Poemas y relatos acompañados de ilustraciones muy sugerentes. Esperamos que os guste leerla tanto como a nosotras hacerla. Es un placer, como siempre presentaros el Nº 4 de Gealittera.


http://revistagealittera.blogspot.com.es/







viernes, 12 de diciembre de 2014

Y si comenzamos a utilizar bien el "porque"


Esta es la tercera entrega en que explicamos el uso correcto del "porque"




La utilización del porque puede ser de tres maneras:

1. Conjunción causal
2. Como encabezamiento de las respuestas a las preguntas cuya introducción es la secuencia por qué
3. Como conjunción final

Ejemplos

No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].
La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].


¿Por qué no viniste? —Porque no tenía ganas.
Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].
En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):
Hice cuanto pude por que no terminara así.





Fuente: Diccionario de la Real Lengua Española



María Loreto

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La montaña mágica Thomas Mann




La montaña mágica de Thomas Mann es considerada una de mejores novelas escritas de todos los tiempos, las referencias a este clásico de la literatura alemana son innumerables, muchos de sus personajes son incluso merecedores de estudios y libros independientes, en los que se busca entender su filosofía o estabalcer sus convicciones políticas y sociales. No es de extrañar pues que encontremos numerosa bibliografía que tiene como objetivo tratar de explicar la importancia, trascendencia y universo de discurso de "La montaña mágica".

Lo cierto es que esta novela no es una recomendación para lectores primerizos. La temática, la trama, el tratamiento, la extensión y el amplio contendió que evoca la historia, la colocan en un eslabón superior. Muchos de sus mensaje y discusiones filosóficas pueden perderse en un lector que no esté preparado, para recluirse una temporada en la montaña, a ver interactuar un siglo contenido en ideas con rostro de personajes y momentos históricos. Lo anterior a dado la clasificación a esta historia como "novela filosófica" incluso "novela de aprendizaje" y ciertamente vamos a encontrarnos estas dos constantes a lo largo de la extensa trama.

Pero, ¿de qué trata la montaña mágica? Porqué es considerada una de las cumbres literarias, resonancia constante en un sinnúmero de bibliografía posterior. En realidad puedo intentar responder a la primera pregunta, pues la segunda es una búsqueda individual que solo le corresponde al tiempo poner en perspectiva y la única manera es instalarnos durante un "periodo" en la montaña mágica misma. Junto a sus personajes, disfrutando de unos Maria Mancini y esperando con interés la "cura de reposo" obligada. 

La montaña mágica, recopila la experiencia de Hans Castorp, su personaje principal, al visitar a su primo Joachim Ziemsses en el Sanatorio Internacional Berghof, ubicado a 1600 metros de altitud en los Alpes Suizos.  En donde éste es tratado de tuberculosis. Desde el momento en que Hans llega a ese lugar se da cuenta de las enormes diferencias que existen entre "los pacientes de allá arriba" con el mundo de abajo. La percepción del tiempo, las actividades propias del lugar, las reglas establecidas, y las no establecidas también. Todo ello fácinan a Hans, y lo hacen permanecer más tiempo del previamente considerado para su visita. Incluso eventualmente y en un giro muy interesante, pasa de visitante a paciente en tratamiento, lo que le permite extender su estadía, justo como él mismo deseaba.

Es interesante saber que la idea de escribir este libro, fue a raíz de la visita de la esposa de Thomas Mann a un sanatorio en Wald Davos y que muchos de los elementos, incluso personajes retratados, son producto de la influencia de esa estadía, pues el mismo Thomas visitó el sanatorio e incluso le fue sugerido en algún momento permanecer por más tiempo. Pero a diferencia de su personaje, Mann no acepta la propuesta, en vez de eso piensa en la trama para lo que en un principio iba a ser "una novela corta" y termino siendo la versión que ahora conocemos.

Regresando a la novela misma solo puedo decirles, sin mayores pretensiones, que durante los años que Hans Castorp pasa en la montaña, vemos desfilar ante él posturas filosóficas, teorías en auge. Un retrato de la sociedad y la burguesía del siglo XIX, para ser más precisos la llamada "sociedad moderna". El ejercicio fantástico de Thomas Mann fue poner a interactuar a todos estos "ideales" en igualdad de condiciones, al estar todos sus personajes enfermos en mayor o menor medida. En un lugar confinado, en las alturas, ajeno a lo que suceda "allá abajo" en el mundo, y bajo sus propias reglas y monotonías establecidas. Haciendo de Hans Castorp un personaje "inocente" permeable, con un interés intrínseco por aprender, dudar y tratar de formarse un juicio propio a lo largo de la historia.

Desde luego existen muchos otros personajes trascendentales en esta historia. Joachim Ziemssen el primo de Hans y razón unica por la que éste visita la montaña. Settembrini, italiano humanista mentor de Hans, cuyos ideales lo convierten en el antagonista de Leo Naptha, un judio convertido al catolisismo, miembro de la orden Jesuita que se disputa por un largo periodo de la trama la educación de Hans Castorp. Claudia Chauchat la mujer que encarna el erotismo y despierta en Hans el recuerdo de un compañero de escuela del que estuvo enamorado. Sí, mucho se ha dicho también al respecto de la bisexualidad contenida en varios momentos de la novela y, no es de sorprender pues el mismo Thomas Mann compartía esa característica.  Mynheer Peeperkorn un hombre que sabe disfrutar la vida como nunca antes había conocido Hans Castorp, quien se contrapone a sus dos tutores y que tiene uno de los finales más climáticos. Además de un sin número de personajes secundarios que dan forma, textura y color al Sanatorio Internacional Berghof.

Como bien habrán notado, poco he contado sobre la trama y, es que el efecto de la montaña es lento y atemporal, las enseñanzas se digieren paulatinamente. El estado de reclusión en que se encuentran sus personajes, les permite hablar en igualdad de condiciones enfrentando posturas que de otro modo no estarían en "la misma mesa" intercambiando opiniones. Por lo tanto mi interés no es hacer una síntesis de la historia pues de ningún modo le haría justicia. Mi objetivo es presentarles algunos de los elementos que encontrarán, pero el recorrido y la permanencia en la montaña es "irónicamente" decisión personal. Lo único que puedo decir es que la prosa educada y fluida de Thomas Mann, convierten a esta historia en un agasajo para los sentidos, pues en todo momento estamos presentes dentro de la trama, compartiendo mesa entre los internos del sanatorio, participando de sus diferentes aficiones, esperando la cura de reposo después de una larga discusión filosófica.

La magia en la montaña también está presente, quizá no de la manera que comúnmente nos imaginamos. Llena de simbolismos y alusiones a cuentos y mitología, a dualidades, a tratar el tema de la muerte y la enfermedad como una constante, el tiempo como uno de los motivos centrales de la historia, haciendo que se detenga, incluso que deje de importarnos y no lo consideremos de nuevo, hasta que el mismo autor decide traerlo de vuelta. 


Thomas Mann

(Lübeck, 1875 - Kilchberg, 1955) Escritor alemán, premio Nobel en 1929. Criado en Lübeck en el seno de una familia patricia, a la muerte de su padre en 1893 siguió a su madre a Munich, donde trabajó como aprendiz en una compañía de seguros. Más tarde, aprovechando en parte las relaciones de su hermano Heinrich, colaboró con varias revistas, entre ellas Simplizissimus. De 1895 a 1897 estuvo en Italia, acompañando a su hermano. 
En su juventud, su postura quedó reflejada en las Consideraciones de un apolítico, planteadas en gran medida contra el Zola, que había publicado precisamente Heinrich. En 1933, aprovechando una gira de conferencias, y siguiendo el consejo de sus hijos, no volvió a Alemania, sino que se exilió primero en Sanary-sur-Mer, cerca de Marsella, y luego en Küsnacht, junto a Zurich. En esa época no se definió políticamente, se mantuvo apartado de los círculos de exiliados e incluso prometió al ministerio de Propaganda alemán, en 1933, abstenerse de manifestaciones políticas, pues no quería hacer peligrar la relación con sus lectores alemanes ni la edición de José y sus hermanos.

Thomas Mann
En 1938 se trasladó a California, donde residió hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Desde allí dio una serie de charlas radiofónicas de propaganda para la BBC bajo el apelativo común de Deutsche Hörer (1940-1945, ¡Oyentes alemanes!) y diversas conferencias de orientación antifascista. En 1947 visitó Alemania y participó en la primera reunión de posguerra del PEN-Club en Zurich. En 1952, decepcionado por la situación en Estados Unidos a raíz de la muerte de Franklin D. Roosevelt, volvió a Europa y se estableció de nuevo en Suiza, vastamente honrado a partir de allí por sus conciudadanos alemanes.
La producción literaria de Mann fue enorme y, de entre ella, merece destacarse cronológicamente Los Buddenbrook (1901), novela subtitulada "decadencia de una familia", que narra precisamente el progresivo declive de una estirpe hanseática en el curso del siglo XIX, sobre el fondo de los procesos de cambio sociológico producidos en esa época. Escrita bajo la influencia del radicalismo cultural de Nietzsche, en sus páginas aparece la oposición entre mundo y arte, lo que será un tema recurrente en el autor. 
Tonio Kröger (1903), relato publicado conjuntamente con otros varios, es la biografía de un artista, temáticamente muy cercana a Los Buddenbrook, y, según confesión del propio Mann, la obra que afectivamente le era más próxima. En la novela Alteza real (1909), el heredero de un pequeño principado alemán se casa con la hija de un millonario estadounidense, con lo que sanea el erario y, a la vez, da un sentido a su propia existencia, hasta entonces meramente decorativa: se trata de una "comedia en forma novelesca", narrada con simpática ironía.
La muerte en Venecia (1913), sin duda la más acabada síntesis de la poética del autor, y una cumbre en el género de la novela breve, presenta a través de sus protagonistas, el músico moribundo y el joven Tadzio, una sutil relación dialécticta entre el apogeo de la belleza y la inevitable presencia de la muerte. En La montaña mágica (1924), vasta novela comenzada en 1912, que pretendía en un principio ser una especie de sátira de La muerte en Venecia, Hans Castorp, patricio alemán internado siete años en un sanatorio pulmonar internacional suizo, vive un proceso formativo: con la excusa de las varias conversaciones que se entrecruzan en ese mundo cerrado, Mann intercala una serie de ensayos sobre múltiples cuestiones y traza un cuadro minucioso de la sociedad europea anterior a la Primera Guerra Mundial.

La tetralogía José y sus hermanos (1933-1943), recreación del relato bíblico pero sin ninguna pretensión de historicidad, refleja la evolución del pensamiento del autor desde el irracionalismo del período 1914-1918, pasando por la democracia burguesa de la década de 1920 y los planteamientos condicionadamente socialistas de la de 1930, hasta su admiración por el New Deal de Roosevelt, que se hace evidente en la última de las cuatro novelas, cuyo eje gira en torno a la síntesis entre cuerpo y espíritu. 
En Carlota en Weimar (1939), donde se relata el reencuentro de Goethe, en la culminación de su vida, con Carlota, su amante de juventud, Mann dibuja al representante del clasicismo alemán como el artista que ha logrado la armoniosa fusión en sí mismo entre las personalidades del poeta y el ciudadano. Doctor Faustus (1947), considerada unánimemente su obra maestra, señala en el subtítulo que se trata de "La vida del compositor alemán Adrian Leverkühn narrada por un amigo". Centrada en el carácter ambivalente del dotado compositor, que cae en manos del diablo, refleja la decadencia y una mezcla de culpa e incapacidad de la sociedad burguesa alemana, desde fines del siglo XIX hasta la actualidad, con una madurez que elude la facilidad de las conclusiones. 
Confesiones del aventurero Félix Krull (1954), finalmente, es una renovación de la novela picaresca y al mismo tiempo parodia de la tradicional "novela de formación" alemana. El seductor Félix, hijo de un fabricante de vinos espumosos, cambia nombre y rol social con un aristócrata en un hotel de París, donde hacía su aprendizaje y se va, en lugar de aquel, de viaje por el mundo. El argumento reanuda un tema básico de Mann: la decadencia y la degeneración no sólo son fronterizas del crimen, sino también una posibilidad de ampliar los límites de la existencia. Como acompañamiento de su obra narrativa, aparte de un único drama, Fiorenza(1906), Thomas Mann fue asimismo autor de una ingente producción ensayística.


martes, 9 de diciembre de 2014

De narradores y otros entes del submundo

Ya en una entrada anterior hablé sobre los tipos de narradores, los cuales suelen dividirse de diferentes maneras dependiendo del autor que hable sobre ellos. En esta ocasión se abordará otra manera de clasificar a los autores en el relato, cosa muy útil a la hora de analizar o escribir, pues el narrador es una de las partes más importantes ya que entra en contacto directo con el lector.

De acuerdo a esta clasificación que se presentará, los narradores pueden dividirse en protagonista, personaje y testigo.

Narrador protagonista
Es la voz narrativa que se encarga de contar los hechos que transcurren en el relato en primera persona, más que nada se dedica a contar su propia historia.

Este tipo de narrador es muy útil si lo que se quiere es lograr una empatía más profunda y rápida con el lector pues permite la fácil asimilación con sus sentimientos, pensamientos y deseos.

Un ejemplo de este narrador sería:

“Me levanté aquella mañana con la certeza de que ese día al fin acudiría a mi cita con el destino.”

Una inconveniencia de utilizarlo es que el lector sólo cuenta con esta fuente para enterarse de lo ocurrido en el relato. No puede conocer la perspectiva de otros personajes ni el motivo de sus acciones. Debe arriesgarse a creer sólo en lo que esta voz narrativa le comunica con las limitaciones que ello implica.

Narrador personaje
Este tipo de narrador es un personaje secundario que relata lo que le sucede al protagonista. Participa de la acción del relato aunque no es el centro del mismo.

Podría asimilarse con una especie de guía que participa de las victorias y sinsabores del protagonista.

Por ejemplo:

“Cuando Gregorio, uno de los mejores detectives de la fuerza, penetró en el cuarto a examinar el cadáver desangrado supe que se nos venía un caso gordo encima, quizá el más importante de nuestra carrera.”

Entre los inconvenientes de utilizar este tipo de narrador es que, al igual que con el narrador protagonista, sólo se cuenta con una visión parcial de las acciones.

Narrador testigo
Este tipo de voz narrativa se encarga de contar las acciones en primera persona también. Asume el rol de un simple espectador de los hechos que le ocurren a otros personajes.

Un ejemplo sería:

“La semilla mágica rodó kilómetro tras kilómetro hasta aterrizar cerca del riachuelo que abastecía el pequeño poblado en que el pequeño Juan dormía sin enterarse de nada.”

Uno de los inconvenientes de hacer uso de este tipo de narrador estriba en que no se puede conocer el interior de los personajes, ni sus pensamientos o sentimientos, por lo que se desconoce el motor de sus acciones.

Como se ve, todos los narradores tienen sus beneficios y asegunes, ninguno es mejor o peor que otro, y su utilidad depende del tipo de relato que se vaya a construir.

Nos vemos en próximas entradas para seguir adentrándonos en las características de los elementos más importantes que integran el relato. Cualquier duda estoy a su disposición en los comentarios.

Santa Cassandra Aguilera Hernández