viernes, 13 de mayo de 2022

Aventuras de una mamá lectora, la niña en busca de un día especial

 Guarda bien tus momentos libres. Son como diamantes sin cortar. Deséchalos y su valor nunca será conocido. Mejóralos y se convertirán en las gemas más brillantes de una vida útil.

RALPH WALDO EMERSON

 

 

 

Mis queridos Anaquelianos, nuevamente nos encontramos en medio de libros, aventuras e instantes que llamamos vida. Gracias por el privilegio que me dan al compartir conmigo un momento de sus días. Esta mamá lectora tiene el corazón lleno de agradecimiento para ustedes.

 

Permítanme iniciar nuestra conversación haciéndoles una pregunta: Cuándo eran pequeños, ¿qué soñaban con ser de grandes? ¿Lograron realizar lo que de pequeños se dormían soñando que serían? Bueno, creo que es más de una pregunta. Pero, a veces, es importante que recordemos nuestros deseos de la niñez, para ya sea que, tomemos una diferente dirección en nuestra vida o nos demos un nuevo impulso en el camino que llevamos andado.

 

“ La valentía de la confesión eleva el valor de los hechos”

 

Mi pequeña Valentina tiene una idea muy clara de lo que quiere ser cuando, cito sus palabras: “Sea grande como tú”. Haciendo una pausa aquí, me ha puesto una gran responsabilidad sobre mis hombros, ya que siendo su ejemplo  a seguir, tengo que aspirar a hacer las cosas mucho mejor, a triunfar con ganas y a fracasar con valentía, mostrándole así, que la vida tiene más de una cara, y que en todas aprendemos siempre. Perdón por desviarme de mi conversación, ustedes ya me conocen, entro en detalles que me hacen reflexionar y perderme a momentos. Bueno, la pequeña gobernadora de esta casa; éste es el nuevo título que se ha ganado a pulso, ha declarado en más de una ocasión que quiere ser doctora y astronauta. ¿Acaso, saben ustedes por dónde debemos empezar el camino para llegar a este destino? 

 




En distintas ocasiones le he preguntado acerca de su vocación y su respuesta es siempre la misma. Creo que la culpa la tenemos su papá y yo, ya que en las noches antes de dormir, nos ponemos a ver documentales sobre el espacio y la Física; confieso que en algún momento yo ponía esos documentales porque me gustan mucho, pero también, con la esperanza de que mi pequeña se aburriera pronto y se rindiera a los brazos de Morfeo. Nota al lector: Esto nunca sucedió. El lograr dormir a esta bola de energía en movimiento constante, es una tarea que tal vez sólo los dioses del Olimpo pudieran enfrentar. Esto es tema para otra ocasión, mis queridos Anaquelianos.

 

Dado su interés constante, he buscado personajes inspiradores en los que ella pudiera verse reflejado, y gratamente nos hemos encontrado con una chica muy especial, que alguna vez nos dijo: 

No dejes que nadie robe tu imaginación, creatividad o curiosidad. Es tu lugar en el mundo, es tu vida. Continúa y haz todo lo que puedas con el, y haz que sea la vida que quieras vivir” Mae Jemison, astronauta. Estas palabras resonaron profundo en nuestros corazones. Y ya sea que algún día se ponga un casco de astronauta, o se cuelgue un estetoscopio al cuello, o quiera sacar cuentas en una empresa, no me importa, lo que de verdad anhelo es que sea feliz mientras lo realiza.

 

“La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre”

 

Esto me lleva a otra aventura que quiero compartirles Anaquelianos. Valentina en más de una ocasión me pregunta: 

     Mamá, ¿Qué día especial es hoy? 

     Todos los días son especiales, mi corazón chiquito.

     No mamá, pero ¿ahora haremos algo divertido cómo el día que jugamos al espacio y los astronautas?

 

Y a esta mamá, las maneras para mantener entretenida a su pequeña se le estaban acabando, hasta que por gracia divina una idea se plantó en su cabeza y germinó en forma de una actividad singular. Cada mes elaboramos un calendario, es toda una ocasión especial, ya que nos sentamos con muchas hojas, marcadores y colores mientras discutimos seriamente el diseño del mes que estamos por empezar, luego anotamos todas las fechas relevantes, para estar preparadas. Pero, se me ocurrió, que podía señalar “días peculiares” para que tuviéramos algo diferente que hacer. Mi querido amigo Google me ayudó mucho en esta tarea, ya que me asistió en una investigación donde descubrí que cada día se celebra algo único en algún rincón del mundo. Y ahora, esas fechas están marcadas en los días de nuestro calendario.

 

“El hombre tiene la peculiaridad de que no puede vivir si no mira al futuro”

 

Por ello cuando mi Valentina me pregunta ¿Qué día especial es hoy? Yo con una sonrisa le contesto: “Mira el calendario, veamos que nos toca”. Hemos festejado el día del atún, ya se imaginarán que estuvo en el menú; en el día de la astronomía por la noche salimos a ver las estrellas y ahora último el día de los calcetines perdidos. Todos los días hay algo que celebrar, y si nuestro día está en blanco, celebramos no hacer nada. Que también es válido.


 

“Qué es, en realidad, el hombre” El ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas c

on paso firme musitando una oración”

 

Quien me inspiró en buena parte a realizar estas actividades con mi pequeña, fue Viktor Frankl y su libro “El hombre en busca del sentido”. Sufrí cuando lo leí, porque el dolor de sus palabras trasminaba por las letras hasta mi diario vivir, pero también me enseñó que soy muy bendecida, en más de una manera. A veces, uno se duerme en la rutina y da por sentado todo lo que tiene, pero un libro puede enseñarnos que no siempre es así. Esta obra me ayudó a recobrar el sentido de mi vida, y también a darle esa perspectiva a mi hija.





 

“No ya sólo nuestras experiencias, sino cualquier cosa que hubiéramos hecho, cualesquiera pensamientos que hubiéramos tenido, así como todo lo que habíamos sufrido, nada de ello se habría perdido, aun cuando hubiera pasado; lo habíamos hecho ser, y en haber sido es también una forma de ser y quizá la más segura”


 


Mis queridos Anaquelianos, me despido de ustedes, deseándoles que encuentren un libro que les recuerde sus sueños de pequeños, aquellos que le daban sentido a su vida, y ahora ya de adultos tengan la bendición de vivirlos. Que se arropen entre las letras de esos autores con vivencias únicas, extraordinarias y dolorosas para poder encontrar la valentía necesaria para hacer de cada día, un día especial. Yo mientras tanto, buscaré esos calcetines perdidos.

 



Erika C.

 

 

 

 

viernes, 29 de abril de 2022

Aventuras de una mamá lectora, Adiós a las sombras, juegos, prisioneros y laberintos. Apología a Carlos Ruiz Zafón

Los recuerdos que uno entierra en el silencio son los que nunca dejan de perseguirle.

Carlos Ruiz Zafón


Mis queridos Anaquelianos en esta ocasión quiero invitarlos a hacer un pequeño homenaje a un amigo. Permítanme llevarlos por este viaje del cual han sido participes, desde hace tiempo ya, aunque yo lo había mantenido en secreto.


Corría el año 2021, en estos tiempos pareciera que sucedió hace muchos años, ¿verdad?

Por aquellos días hubo una pequeña controversia acerca de cuanta cantidad de helado era aceptable consumir por una pequeña de rizos alborotados mientras que su mamá reunía todas las tácticas de negociación que había recolectado a lo largo de su vida, para evitar una catástrofe azucarada de niveles descomunales. ¿Recuerdan?

Aquí les comparto un pequeño fragmento de esta aventura:


Valentina estaba sentada con su tazón de color rosa con dibujos de princesas en la mano; éste es el exclusivo para comer helado, no el de estrellas, ni el de la ratoncita con moños de lunares; las mamás que me leen saben a lo que me refiero y la crisis que se avecina cuando no está disponible dicho artilugio de cocina. Con su mirada fija y sin titubear me dice:


—Mamá me das más helado, por favor.


—No creo que tengas espacio en tu barriga después de todo lo que acabas de comer, ¿qué te parece si lo dejamos para más tarde?


—¿Qué no sabes mamá, que el helado al entrar en mi barriga se derretirá y entrara por todos los espacios vacíos que la comida dejó? Por lo tanto, no te preocupes, creo que si puedo comer más helado.

¿Cómo puedes rebatir a esa lógica innegable?



Quien estuvo a mi lado para ayudarme a salir victoriosa de esa situación, fue mi querido Carlos Ruiz Zafón, que en las palabras de Daniel Sempere me susurró al oído:


“Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo”





Y así, gracias a La Sombra del Viento, pude recordar que tengo en mis manos preciosos momentos que se escurren de mi vida más pronto de lo que yo desearía. Fue gracias a estas palabras por lo que dejé perder la negociación de esa jornada y me senté a comer helado en compañía de mi pequeña.

¿Qué mejor recuerdo se puede tener en la infancia que el comer helado en el castillo de cobijas con estrellas bajo la mesa?


Los días se convirtieron en meses, y en un abrir y cerrar de ojos llegó el 2022, cargado de sorpresas y crisis suficientes para mantenernos al borde de la silla comiéndonos las uñas.

Pero, para esta mamá lectora, esas situaciones a veces le pasan cual fantasma abandonado, sólo llegan a ser un pequeño desvarío en un mundo lleno de hadas y magia. Esa es la bendición que recibo por ver el mundo a través de los ojos de una niña.

Aunque no todo es color arcoíris; he sido torturada en más de una ocasión, y mi verdugo tiene la sonrisa más encantadora que haya encontrado yo en este mundo.

Permítanme revivir esos momentos tan difíciles de sobrellevar. 


Y es así mis queridos Anaquelianos, que mi muy adorada versión en miniatura ha estado haciendome pagar por todos los pecados cometidos desde hace ya varias vidas atrás. He visto ese programa de caricaturas tantas veces, que incluso puedo encontrar las incoherencias más insignificantes en una escena, que ni el mismo dibujante pudo percatarse de ellas cuando las creó. El aparato de televisión entra en automático a las caricaturas, ya no es necesario que utilicemos el control remoto. Él sabe que hacer. Ni la Inteligencia Artificial puede lograr dichas programaciones.


Nuevamente, el héroe sin capa fue Carlos Ruiz Zafón, ya que por la magia que corría entre las hojas de su hijo de tinta y papel El Juego del Ángel me hizo comprender:


“En mi mundo, las grandes esperanzas sólo vivían entre las páginas de un libro”


Fue gracias a David Martin que pude escapar a mi propio Andreas Corelli, ya que mi pequeña ángel de la tortura no mostraba clemencia en dejarme descansar de aquel programa de caricaturas; que si me permiten ser honesta, al día de hoy sigue estando en repetición continua en nuestra televisión.

Es cierto que en ocasiones el camino de la maternidad se vuelve muy encrespado, con situaciones que pueden sacarnos de nuestra zona de sosiego; se necesitan nervios de acero para soportar jornadas extenuantes de sonsonetes estridentes de los juguetes más ruidosos que se pueden fabricar. ¿Acaso hay algún convenio firmado entre la Asociación de la Niñez Ruidosa y los fabricantes de juguetes para torturar a los adultos? ¿O, los creadores de programas para pequeños quieren hacer sufrir a sus semejantes de lo mismo que ellos han sufrido ya?

Lo bueno es que siempre hay un libro a la mano para salvarnos de estas torturas inhumanas.


Después de esto, vino una situación emocionante para Valentina, pero a mi me recordó que aunque los días sean muy largos, los años son demasiado cortos.

Hace poco mi revoltosa niña perdió su primer diente,  ¿recuerdan mis queridos Anaquelianos?

Una breve reminiscencia de lo sucedido les comparto a continuación:


Valentina ha llegado a esa parte de la vida donde es necesario soltar para poder seguir adelante. Hoy ha sido su primer diente, pero todo lo que conlleva este acto es lo que me hace sentir mariposas en el estómago mientras escribo estas letras. ¿Sus amigos imaginarios comenzaran a despedirse? ¿Las muñecas encontraran un lugar permanente en un rincón, mientras nuevas distracciones ocupan sus días? ¿Ya no tendré más abrazos somnolientos por las mañanas? Mi niña ha crecido tan rápido…


En estos momentos ni Fermín Romero de Torres ha podido consolarme. No me malentiendan, no es que me encuentre triste, es la melancolía de soltar lo que más se ama la que me tiene “achicopalada”.


Como bien pueden adivinar, quien me llevó de la mano por este instante de nuestra vida tan importante para mi niña y para mí fue Carlos Ruiz Zafón con El Prisionero del Cielo, que en palabras de quien ustedes saben soy admiradora número uno, mi querido Fermín, me ayudó a encontrar la valentía necesaría diciendome:


“El destino no hace visitas a domicilio, hay que ir por él”


El ser madre es un acto desinteresado que se fragua desde el momento en que una decide buscar serlo. Ya que el aprender a soltar lo que más se ama va intrínseco en cada acto del día a día; porque la mejor madre es la que se vuelve menos necesaria al pasar el tiempo, es aquella que va desapareciendo lentamente entre los logros de sus hijos; aunque siempre este presente.


Cualquiera que aspire a conservar su sano juicio necesita de un lugar en el mundo en el que pueda y desee perderse. Ese lugar, el último refugio, es un pequeño anexo del alma al que, cuando el mundo naufraga en su absurda comedia, uno siempre puede correr a encerrarse y extraviar la llave.


Así es como he llegado a la parte final, mis queridos Anaquelianos, El Laberinto de los Espíritus. Con este libro pude concluir la historia de El Cementerio de los Libros Olvidados, llegué a comprender los recovecos que había en las historias de vida de Daniel Sempere, Julian Carax, David Martin, Fermín Romero de Torres, también conocer a quien me arrancó más de una lágrima, mi muy apreciada Alicia Gris, y tantos amigos míos que me acompañaron en noches plateadas, donde el dormir era una necedad; o en los momentos que jugaba a las escondidas con Valentina y me encerraba en un rinconcito con libro en mano para poder seguir leyendo, inclusive cuando la enfermedad tocó a mi puerta y vino a sacarme de mis ocupaciones diarias postrándome en la cama por días. Carlos Ruiz Zafón siempre estuvo allí para mí. Me dio la oportunidad de poder volar a España, me acogió en su mundo y me cobijó con sus letras. 

Me dio la astucia necesaria para negociar con Valentina, me ayudó a evadir la tortura diaria de los programas televisivos y me abrazó muy fuerte cuando el hada de los dientes vino a visitarnos cuando hubieron entrado las estrellas por la ventana.

Ahora que ha terminado el viaje hay un pequeño vacío en mi corazón. Por más que quería avanzar entre las páginas más deseaba que no se terminaran. No estaba preparada para decir adios aún.


Uno no se da cuenta del vacío en el que ha dejado pasar el tiempo hasta que vive de verdad.


Ha llegado de volver los libros a los anaqueles mis queridos Anaquelianos, dando gracias al escritor por todo el tiempo que pasó conviviendo con sus personajes, por darnos parte de su esencia en cada palabra que nos regaló a través de la voz de sus historias, por enseñarnos a soñar despiertos, por recordarnos la magia que posee un libro.


El mundo es simplemente un espejo de quienes lo formamos y no es ni más ni menos que lo que hacemos de él entre todos.


Gracias Carlos Ruiz Zafón por ser parte de mi vida y la de Valentina.

 Un abrazo hasta el cielo.


Erika C.









viernes, 15 de abril de 2022

Aventuras de una mamá lectora, desde Andrómeda con amor

 En cada niño se debería poner un cartel que dijera: 

Tratar con cuidado, contiene sueños.

Mirko Badiale

 



Mis queridos Anaquelianos gracias por permitirme compartir con ustedes mis aventuras lectoras, el escribir para ustedes es un privilegio que me ha sido gratamente concedido y por el cual nunca dejaré de sentirme agradecida.

Como bien saben ustedes las peripecias de mi camino por la maternidad de la mano de mi querida Valentina ha estado llena de tropiezos y aventuras inimaginables. Aun así nunca he compartido con ustedes uno de los roles que en mi vida me llena de orgullo y satisfacción. Soy tía de tres niños llenos de energía, carisma y con la cabeza llena de ideas traviesas que nos han metido en más de un aprieto en contadas ocasiones.

 

Hace nueve años, me encontraba sentada en la sala de espera de un hospital tan frío y hueco que hacía que la desesperanza saliera corriendo por la puerta principal; bueno, al menos así me hacen sentir los hospitales cada vez que entro en ellos, pero eso es tema para otro día. Volviendo a lo que me ocupa en esta ocasión, estaba yo esperando junto a mi mamá en una silla tan incómoda como la piedra que se mete en el zapato cuando caminas una larga distancia. De pronto  una voz carrasposa interrumpe la fría tranquilidad:


-       El bebe ha nacido... Pueden pasar a verlos.



Mis pasos se sentían frágiles, las manos me sudaban, estaba por conocer a quien sería un gran amor en mi vida, mi pequeño bodoque Jesús. En el momento que lo tuve en mis brazos mi corazón explotó en mil partículas, cada una llena de un sentimiento indescriptible para mí. Él fue quien me hizo tía. Él fue quien lleno mi vida de ilusiones. Él fue mi pequeño gran amor.

 

Y la roca, por su parte, no se da cuenta siquiera de nuestra existencia porque solo existimos un breve instante de su periodo vital. Para ella, nosotros somos como chispas de luz en la oscuridad.




 

Después de ese momento vinieron muchos instantes llenos de sonrisas, balbuceos y pañales cargados de materias extrañas que parecían tener vida propia. Mi labor como tía era la de llegar y hacer travesuras con este regalito de la vida y enseñarle todas las cosas que ahora no me puedo permitir hacerlo con mi hija por temor de crear un monstruo; esa es una de las bondades de ser tía, mas una contraindicación en ser mamá.




Hoy mientras escribo estas letras ese bodoque se ha convertido en un jovencito de mirada dulce y corazón gigante, que tiene una pasión creciente por las carreras de motocross. Cierto día absorta estaba en una realidad donde un virus había atacado a la población del cual no sabían nada y los científicos apresuradamente intentaban contenerlo, estudiarlo, para así poder combatirlo; no mis Anaquelianos no estaba viendo las noticias, estaba leyendo un libro llamado LA AMENAZA DE ANDROMEDA de Michael Crichton; cuando de pronto recibí una llamada con un interlocutor que extasiado me platicaba acerca de una carrera de 4x4 a la que había asistido el día anterior. Mientras lo escuchaba mi mente escapó de esas imágenes aterradoras de trajes  de conteción, estudios con resultados inconclusos y muertes incontenibles para poder alojarse en aquella memoria del primer abrazo que tuvimos tanto tiempo atrás, cuando yo lo sostenía en mis manos con miedo de dejarlo caer, pero prometiéndole que nunca lo dejaría solo si la vida me lo permitía. 

Burton sabía que todo estribaba en que a uno le acompañase la suerte, en que se hallara en el sitio preciso y haciendo el trabajo acertado cuando llegue el momento.

Cuando me topé con estas palabras en las hojas de este libro, que en si ya tiene una historia a parte que contar; ya que en el dorso aparece que en algún momento de la existencia su valor era de sólo 40 pesetas; las imágenes inundaron mis recuerdos, mientras escuchaba el relato de esa carrera tan emocionante, el tiempo paso sobre mí, dejándome un chico de mirada vivaracha como mi mejor compañero donde antes hubo un bebecito de cachetes rosados y llanto estruendoso. Entendí que estaba en el lugar adecuado en el momento correcto.

Eso es lo importante. Que comprendamos…




Anaquelianos me despido de ustedes con el corazón agradecido por permitirme ser testigo de la vida de un ser maravilloso entre las páginas de los libros que han marcado mi existir. Les deseo que se encuentren con un libro que los acompañe en los momentos más gloriosos de su vida y les abrace con las historias que marcan su camino por la vida, mientras tanto yo me dedicaré a comer un delicioso pastel de cumpleaños.

 

Erika C.

 

 

 

 

 

viernes, 25 de marzo de 2022

Aventuras de una mamá lectora: Entre dientes, prisioneros y hadas.

 “¿Qué edad hay mejor que aquella en que las dos mejores virtudes, la alegría inocente y la necesidad de amar, eran las dos ruedas de la vida?”


LEÓN TOLSTÓI

 

Es un placer enorme volverme a encontrar con ustedes mis queridos Anaquelianos en este nuestro muy amado rinconcito literario.

¿Alguna vez han cerrado los ojos sólo por un instante y al abrirlos nuevamente se percataron de que el tiempo había pasado de pronto?

 

Hace días miraba distraídamente un documental sobre el tiempo y el espacio, el narrador  daba varias explicaciones sobre la Física y como se comportaba allá arriba en el universo; de pronto mencionó algo que me sacó de mis devaneos: El espacio-tiempo en presencia de un agujero negro puede doblarse o distorsionarse. La explicación siguió su curso, pero mi mente se quedó pegada a esta idea. ¿Cómo podemos doblar el tiempo? ¿Acaso es algo tangible? Siempre se nos ha enseñado que el tiempo corre en una sola dirección y no lo podemos controlar. Por lo que escuchar estos conceptos me hizo estallar la cabeza, literalmente.

¿Y qué es lo que hago cuando esto me sucede? Leer y leer hasta encontrar una respuesta que me deje en cierto grado satisfecha.

 

«A veces me pregunto cómo llegué a desarrollar la teoría de la relatividad. La razón, creo, es que un adulto normal nunca se detiene a pensar en problemas de espacio y tiempo. Estas son cosas que se piensan durante la infancia, pero mi desarrollo intelectual se retrasó, y como resultado comencé a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo cuando ya había crecido».





 

Estas palabras son de uno de mis amigos favoritos, Albert Einstein. Creo que si hubiéramos sido contemporáneos yo hubiera estado haciendo fila para ser su secretaria o cualquier cosa que me permitiera poder entablar una conversación con él. Pero lo más cercano que tengo a esto es una pequeña de cabello rizado, con más energía que una fusión nuclear y llena de preguntas que me hacen sudar frío en más de una ocasión.

 

Bueno y que tiene que ver uno con lo otro. Dejenme rebobinar un poco. 

No hace mucho tiempo había una mamá con una beba regordeta de cabellos rizados que no dejaba de llorar. Angustiada la madre primeriza, mecía a la nena en brazos por la casa, le susurraba palabras tranquilizadoras mientras besaba su frente. Pero la pequeña no dejaba de llorar. La razón, su primer diente estaba por salir.

 

“El destino no hace visitas a domicilio, hay que ir por él “.

 

Recuerdan mis queridos Anaquelianos que hace tiempo les platiqué sobre una de mis actividades honorarias; soy la presidenta del club de admiradoras de Fermin Romero de Torres, personaje ilustre de la saga “El Cementerio de los libros Olvidados”. Bueno, pues ahora he podido regocijarme con la parte tres de la entrega, “El Prisionero del Cielo”. En este libro, Carlos Ruiz Zafón nos regaló el privilegio de conocer la trastienda de este personaje tan lleno de carisma y con soltura de palabras que arrancan más de una carcajada a quien lo ha conocido a través de sus letras.

 

Estando yo viviendo de la mano de mi querido Fermin, de pronto me llega Valentina y con una voz muy preocupada me dice:

 

      ¡Mamá se me ha caído un diente!

 

Mientras en su manita regordeta veo un pequeño punto blanco con algunas gotas de sangre. Efectivamente, mi pequeña había perdido su primer diente. 

 

No supe si sentirme emocionada o soltarme llorando. Una rapsodia de imágenes se me algoparon en mi cabeza: esas noches amamantando a un pequeño bultito rosado, esos primeros balbuceos a los que yo podía traducir sin miedo a equivocarme, esos primeros pasitos por el piso de la cocina, aquel diente pequeñito que se asomó por primera vez después de varias noches de insomnios…

 




¡Pero si todo esto pasó hace unos cuántos días! ¿Cómo es posible que ahora ya estemos en la parte donde tenemos que invitar al hada de los dientes a visitarnos cuando las estrellas se asoman por la ventana?

 

Es lo que tiene llegar a viejo... Que nadie se acuerda de que también han sido unos capullos.

 

Valentina ha llegado a esa parte de la vida donde es necesario soltar para poder seguir adelante. Hoy ha sido su primer diente, pero todo lo que conlleva este acto es lo que me hace sentir mariposas en el estómago mientras escribo estas letras. ¿Sus amigos imaginarios comenzaran a despedirse? ¿Las muñecas encontraran un lugar permanente en un rincón, mientras nuevas distracciones ocupan sus días? ¿Ya no tendré más abrazos somnolientos por las mañanas? Mi niña ha crecido tan rápido…

 

En estos momentos ni Fermín Romero de Torres ha podido consolarme. No me malentiendan, no es que me encuentre triste, es la melancolía de soltar lo que más se ama la que me tiene “achicopalada”.

 

Pero haciendo uso de la valentía que me ha enseñado mi pequeña, puse una sonrisa en mi rostro y con mucha alegría la invité a buscar donde colocar el pequeño diente, para que cuando llegara el hada por la noche no tuviera problema en encontrarlo. Después hicimos dibujos que dejaríamos para que ella se los llevara de recuerdo a la tierra de las hadas y terminamos nuestra tarde con una fiesta del té con todas las muñecas por compañía. Estábamos festejando que Valentina ya era una niña grande.

 

El futuro no se desea, se merece.

 

 

Mis queridos Anaquelianos me despido de ustedes, deseándo que un libro los acompañe en esos “primeros momentos de su vida”, que les de la valentía para soltar y les muestre el camino hacia su destino. Mientras tanto, yo tengo que averiguar como contactar a cierta hada…

 

Erika C.

viernes, 11 de marzo de 2022

 Una mujer debe ser dos cosas: quien ella quiera y lo que ella quiera.

Coco Chanel


 

Es difícil hablar de un libro que tiene un lugar muy especial en nuestro corazón, porque no sabemos si le haremos la justicia merecida con nuestras palabras al intentar describirlo, ¿no lo sienten así en ocasiones mis queridos Anaquelianos?

 Para no perder la costumbre permítame realizarles una pregunta: ¿Cuál es el libro que está guardado en su corazón?

 

Hace mucho tiempo; no entraré en detalles para evitar sacar cuentas engorrosas, había una muchachita a la que le gustaba mucho leer y ávidamente recorría todos los libros que habitaban en su casa. Cierto día la buena fortuna llegó a ella, ya que una librería acababa de abrir sus puertas a una cuadra de su casa. Corriendo fue a encontrar en ella los más bellos libros que había visto en mucho tiempo, se paseó por los pasillos deseando poseer aquellos objetos que orgullosos descansaban en los anaqueles.


La chica que atendía la librería sonreía discretamente mientras su visitante ojeaba amorosamente un libro:

 

    ¿Te lo vas a llevar? —le preguntó

    Aún no tengo el dinero suficiente — contestó la muchachita.

    Puedes venir cuantas veces quieras y leer los libros que desees, sólo tienes que tener mucho cuidado de no maltratarlos—  le ofreció la chica detrás de la caja registradora.

 

La muchachita sintió su corazón brincar de alegría. Un rato más de conversación con la chica del mostrador y pudo convencerse de que el ofrecimiento era real.

Los días pasaron entre deberes escolares y tardes visitando la librería; ojeaba muchos libros, pero había uno en especial al que le dedicaba más tiempo, anhelaba poder llevarlo a casa.

 

    Ya estoy ahorrando mi dinero para poder comprarlo le dijo a la chica del mostrador una tarde cuando se despedía.

 

Reunió el dinero después de muchos mandados y trabajos extra, corriendo ansiosa fue a la librería, dirigiéndose con mucha seguridad al anaquel de la esquina. El libro que tanto había deseado ya no estaba.

 

    Tuve que venderlo hoy por la mañana— dijo la chica bajando la mirada— pero voy a realizar un pedido próximamente y lo incluiré. 

 

La muchachita se fue de la librería muy triste, el dinero que tenía en su mano había perdido todo su valor.

Los meses pasaron abriéndole las puertas al otoño y con ello al cumpleaños de la muchachita. Su madre le entregó un pequeño paquete esa mañana dándole un fuerte abrazo. La festejada arrancaba los pliegos con mucha ilusión; después de todo no se reciben regalos de cumpleaños todos los días; cual sería su sorpresa que al retirar todo el envoltorio pudo ver el libro que tanto había añorado: Mujercitas de Louise May Alcott.

 




Quizá por estar tan agradecida a esta bendición, Beth recibió otra; de todas maneras, merecía las dos.

 

Anaquelianos, ¿cuántas veces no hemos deseado tanto un libro y hemos disfrutado aún más cuando lo tenemos en nuestras manos?


El libro de Mujercitas lo he leído y releído tantas veces y siempre siento la misma emoción que habitaba en mi corazón como en aquellas tardes que pasé en la librería.


Hoy siendo madre, no puedo desear algo más que brindarle la misma felicidad a mi pequeña Valentina. 


Por las tardes, he leído a las muñecas que nos acompañan capítulos sobre “las aventuras de la mujeritas” según la descripción de mi pequeña lectora.

 

No trates de hacerme mayor antes de tiempo, Meg. Ya tengo bastante con verte cambiar tan de repente; déjame ser chiquilla tanto tiempo como pueda, dijo Jo…

 

En nuestras tardes de lectura Valentina ha compartido que cuando sea grande será astronauta y viajará por todo el universo; yo, en cambio a su edad, quería escribir libros y hacerme famosa, como Jo March.






Así que para motivar las aspiraciones de mi astronauta en formación he empezado a buscar lecturas donde haya mujeres fuertes que luchan por sus sueños, que no se dejan vencer por los estereotipos, desafiando las normas que la sociedad ha impuesto como ley por la costumbre.

 

Los ojos de Jo brillaron, porque siempre agrada ver que alguien tiene fe en nosotros.

 

Por medio de la lectura quiero mostrarle a mi niña que es necesario trabajar, ser fuerte y no dejarse vencer por las penas y reveses de la vida. Que como Jo sea valiente para alzar la voz en un mundo donde a la mujer se le ha minado ese derecho, pero que también sea compasiva como Beth con todos los que la rodean y aprenda a vencer sus vanidades como Amy y no olvidarse nunca de hacer todo lo necesario para librarse de los prejuicios como lo hiciera la bella Meg.


Pero sobre todo quiero mostrarle que este mundo esta lleno de seres hermosos que luchan día tras día desde la cocina de un hogar, dando lo mejor de sí mismas en un plato de comida, o en entornos laborarles donde la carrera esta repleta de obstáculos patriarcales y aún así cada mañana acuden con sus mejores zapatos dejando huellas de lucha mientras abren caminos.


Este mundo esta lleno de Mujercitas que luchan por alcanzar los sueños, sin importar que tan lejos se encuentren.

 

Anaquelianos me despido de ustedes, deseándoles que encuentren un libro que se aloje en sus corazones y los invite a luchar por sus sueños. Yo mientras tanto buscaré uno que hable de viajes al universo.

 

 

Erika C.